Finanzas sostenibles en España: un motor para la transformación económica y social

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En la actual coyuntura global, la sostenibilidad ha trascendido el ámbito meramente ético para consolidarse como un pilar fundamental en la estrategia económica y financiera. España, en línea con las tendencias internacionales y las directrices europeas, está experimentando una profunda transformación hacia un modelo de desarrollo más resiliente y responsable.

En el corazón de esta metamorfosis se encuentran las finanzas sostenibles, un concepto que redefine la inversión, entrelazando la rentabilidad económica con un impacto positivo en el medio ambiente y la sociedad.

Este artículo explorará en detalle qué son las finanzas sostenibles, sus características distintivas, sus aplicaciones prácticas y el papel crucial que desempeñan los distintos actores en su impulso dentro del panorama español.


¿Qué son las finanzas sostenibles?

Las finanzas sostenibles representan una evolución paradigmática del sector financiero, donde las decisiones de inversión y financiación no se basan únicamente en criterios económicos tradicionales de rentabilidad, riesgo y liquidez.

Se definen como aquellas que adoptan un criterio ético e incluyen factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las decisiones de inversión. Esta integración busca asegurar que el crecimiento económico sea duradero, legítimo y compatible con los grandes desafíos que enfrenta nuestra sociedad, como el cambio climático, la desigualdad social y la gestión de recursos naturales.

Objetivos de las finanzas sostenibles

El concepto de finanzas sostenibles persigue un doble objetivo intrínseco y complementario.

Por un lado, buscan generar una rentabilidad económica sólida para los inversores y las empresas, demostrando que la sostenibilidad no está reñida con el beneficio financiero, sino que puede ser un motor de valor a largo plazo. De hecho, numerosos estudios sugieren que las inversiones sostenibles pueden ser menos volátiles y más resilientes en períodos de crisis, además de ofrecer una rentabilidad comparable e incluso superior a las inversiones tradicionales.

Por otro lado, y de manera igualmente prioritaria, las finanzas sostenibles aspiran a generar un impacto positivo y medible en el medio ambiente y la sociedad. Esto implica canalizar capital hacia proyectos, empresas y actividades que contribuyan a la protección ambiental, la mejora de las condiciones sociales y la promoción de una gobernanza corporativa ética y transparente. Este enfoque está intrínsecamente alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y con acuerdos internacionales como el Acuerdo de París sobre el Clima, buscando reorientar los flujos de capital hacia una economía más verde, justa e inclusiva.

En esencia, las finanzas sostenibles utilizan el dinero como una poderosa herramienta para catalizar un cambio positivo, trascendiendo la mera maximización del beneficio para integrar una visión de futuro más holística y responsable.

A nivel reglamentario, la Unión Europea ha definido mecanismos jurídicos de alineación de las estrategias de las compañías con los requisitos de sostenibilidad siendo la base estructural el modelo basado en los reglamentos de taxonomía, CSRD y diligencia debida. Esto no solo afecta a grandes empresas, sino al resto de su cadena de valor, cada vez se ve de forma más recurrente que plataformas de gestión de la cadena de valor como Ecovadis o Achilles, utilizados como palancas por los grandes tractores económicos imponen exigencias graduales en el ámbito de la ASG a su cadena de valor, estándares como VSME ayudan a enfocar estos esfuerzos a los propios elementos u organizaciones de la cadena.

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Características clave de las finanzas sostenibles

Las finanzas sostenibles se distinguen por una serie de características fundamentales que las diferencian de la inversión tradicional y que guían su implementación. Estas características son esenciales para comprender su funcionamiento y su creciente influencia en el mercado.

Criterios ASG

Los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) constituyen la piedra angular de las finanzas sostenibles y de la inversión responsable. Estos factores proporcionan un marco estructurado para evaluar el desempeño de una empresa o proyecto más allá de sus métricas financieras.

Ambientales (A)

Evalúan el impacto de una entidad en el medio ambiente. Incluyen aspectos como

  • la gestión de residuos,
  • la eficiencia energética,
  • las emisiones de gases de efecto invernadero,
  • el uso y conservación de recursos naturales (agua, biodiversidad),
  • la prevención y control de la contaminación
  • y la adaptación al cambio climático.

Las empresas que demuestran un compromiso con la reducción de su huella ecológica, el fomento de energías renovables o el desarrollo de tecnologías limpias suelen ser mejor valoradas bajo estos criterios.

La Taxonomía Europea, por ejemplo, define cuándo una actividad económica es ambientalmente sostenible al exigir que contribuya de forma sustancial a uno de seis objetivos medioambientales, no cause perjuicio significativo (DNSH) y cumpla garantías sociales mínimas, igualmente una inversión que supone reducir o directamente sustituir el consumo de combustibles fósiles tiene un claro impacto positivo.

Sociales (S)

Se centran en cómo una empresa gestiona sus relaciones con sus empleados, proveedores, clientes y las comunidades en las que opera. Los criterios sociales abarcan:

  • los derechos laborales,
  • la diversidad e inclusión,
  • la seguridad y salud en el trabajo,
  • la igualdad salarial,
  • la responsabilidad en la cadena de suministro,
  • el impacto social de sus productos y servicios.

El objetivo es identificar empresas que promueven prácticas justas, inclusivas y que contribuyen al bienestar social.

Gobernanza (G)

Analizan la calidad y transparencia de la dirección y la administración de una empresa. Esto incluye

  • la estructura del consejo de administración (independencia, diversidad),
  • la remuneración de los ejecutivos,
  • la ética empresarial,
  • la lucha contra la corrupción,
  • la ciberseguridad,
  • la rendición de cuentas
  • y la protección de los derechos de los accionistas.

Una gobernanza sólida es crucial para garantizar una toma de decisiones responsable y mitigar riesgos reputacionales y operativos.

La integración de estos criterios permite a inversores y analistas identificar riesgos y oportunidades que el análisis financiero tradicional podría pasar por alto, ofreciendo una visión más completa del valor a largo plazo de una inversión.

Inversión de impacto

La inversión de impacto es una faceta específica de las finanzas sostenibles que va un paso más allá de la mera integración de criterios ASG. Se refiere a las inversiones realizadas con la intención específica de generar un impacto social o medioambiental positivo y medible, además de un retorno financiero. La «intencionalidad» y la «medibilidad» son las características distintivas de la inversión de impacto.

A diferencia de la inversión socialmente responsable (ISR), que a menudo se centra en evitar ciertos sectores o en seleccionar empresas con buen desempeño ASG, la inversión de impacto busca activamente proyectos o empresas cuya misión principal sea resolver problemas sociales o ambientales. Esto puede incluir el apoyo a startups que desarrollen soluciones para personas mayores o colectivos vulnerables, o la financiación de iniciativas de energías renovables en comunidades desfavorecidas.

En España, la inversión de impacto está ganando terreno, con iniciativas como el Fondo de Impacto Social (FIS), que actúa como un importante catalizador para atraer inversión privada, ofreciendo un tramo de primeras pérdidas y asistencia técnica para reforzar los sistemas de medición de impacto. Este tipo de inversión requiere marcos robustos para evaluar y reportar el impacto generado, asegurando la transparencia y la rendición de cuentas.

Función catalizadora del sector financiero

El sector financiero juega un papel irremplazable como catalizador en la transición hacia una economía sostenible. Actúa como el principal intermediario capaz de canalizar el ahorro hacia inversiones que promueven el desarrollo sostenible. Los bancos, gestoras de fondos, aseguradoras y otras instituciones financieras no solo proporcionan capital, sino que también ofrecen asesoramiento experto y desarrollan productos financieros innovadores adaptados a las necesidades de la sostenibilidad.

Esta función catalizadora se manifiesta de diversas maneras: desde la integración de los criterios ASG en sus propios análisis de riesgo y procesos de due diligence, hasta la creación de equipos especializados en finanzas sostenibles.

Además, el sector financiero es clave en la promoción de un «lenguaje común» entre inversores, empresas y reguladores, impulsado por marcos como la Taxonomía Europea, que proporciona claridad y comparabilidad sobre qué actividades son verdaderamente sostenibles, ayudando a evitar el «greenwashing» o lavado de imagen verde. La capacidad del sector para movilizar grandes volúmenes de capital hacia proyectos de alto impacto ambiental y social es fundamental para alcanzar los ambiciosos objetivos de descarbonización y desarrollo sostenible, tanto a nivel europeo como en el contexto específico de España.

Cada entidad decide cómo supervisar los acuerdos financieros para la financiación sostenible, como puede ser el contar con equipos externalizados o propios de SPO (second party opinión), KPI y estándares a objetivar, inversiones válidas, facilitación de bonos y establecimiento de marcos específicos con bajadas sobre la financiación tradicional de hasta 20 pb.

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Ejemplos prácticos de finanzas sostenibles

La teoría de las finanzas sostenibles se materializa en una variedad de productos y soluciones financieras innovadoras que permiten a empresas e inversores alinear sus objetivos económicos con sus valores de sostenibilidad. En España, el desarrollo de estos instrumentos es cada vez más notable.

Préstamos verdes

Estos productos crediticios están específicamente diseñados para financiar proyectos o actividades que contribuyen positivamente al medio ambiente.

Su particularidad radica en que los fondos obtenidos deben destinarse exclusivamente a fines «verdes», como la mejora de la eficiencia energética, la instalación de energías renovables (eólica, solar), la gestión sostenible de residuos, la inversión en transporte limpio o la compra de maquinaria menos contaminante.

Un ejemplo relevante es Iberdrola, que suscribió el primer préstamo verde a nivel mundial para una utility en 2016, y ha continuado con importantes operaciones de financiación verde, incluyendo acuerdos con el Instituto de Crédito Oficial (ICO) para proyectos de energía renovable e hidrógeno verde.

Además, existen hipotecas verdes que ofrecen mejores condiciones para viviendas energéticamente eficientes, incentivando así la construcción y rehabilitación sostenible. La Facilidad ICO-Verde en España, que movilizará 22.000 millones de euros, es un claro ejemplo de este impulso a la financiación sostenible.

En EQM Consulting trabajamos con clientes con un claro enfoque a la mejora de su financiación, tanto capex como opex para garantizar su alineación a los objetivos aprobados entre estos y los marcos de financiación sostenible firmados con sus entidades bancarias.

Bonos sostenibles

Son instrumentos de deuda que permiten a entidades públicas o privadas obtener financiación para proyectos con objetivos ambientales, sociales o una combinación de ambos.

  • Bonos verdes: emitidos para financiar o refinanciar proyectos que generan beneficios medioambientales claros. Sus usos incluyen la inversión en instalaciones renovables, eficiencia energética, transporte sostenible, gestión de residuos y protección de ecosistemas. España se ha posicionado como un referente en este ámbito, destacando el programa de bonos verdes del Tesoro Público, que ha emitido más de 13.400 millones de euros entre 2021 y 2024, destinando los fondos principalmente a transporte sostenible, como la infraestructura ferroviaria. Iberdrola, por su parte, es reconocida como el mayor emisor de bonos verdes del mundo, con un volumen total de 26.600 millones de euros a cierre de 2024, habiendo sido la primera empresa española en emitir un bono verde en 2014.
  • Bonos sociales: se centran en financiar proyectos con un impacto social positivo, como la vivienda asequible, el acceso a servicios esenciales (salud, educación), la creación de empleo o el apoyo a colectivos vulnerables.
  • Bonos sostenibles: combinan elementos de los bonos verdes y sociales, financiando proyectos que abordan tanto cuestiones ambientales como sociales.

Fondos de inversión responsables (ASG/ISR)

Estos fondos integran los criterios ASG en su proceso de selección y gestión de inversiones. Su política de inversión está claramente definida en su folleto, detallando cómo se incorporan estos criterios.

  • Fondos ESG: priorizan empresas con un buen desempeño ambiental, social y de gobernanza, y a menudo excluyen inversiones en industrias contaminantes o socialmente controvertidas (como tabaco, armas o juego).
  • Fondos temáticos: se enfocan en áreas específicas de sostenibilidad con alto potencial de crecimiento e impacto, como las energías limpias, la gestión del agua, la biodiversidad, la tecnología climática o la economía circular.
  • Fondos de inversión solidarios: una variante de fondos que ceden una parte de su comisión de gestión a entidades benéficas o no gubernamentales.

En España, los activos gestionados bajo criterios ASG han experimentado un crecimiento significativo, superando los 238.200 millones de euros en 2024, lo que representa el 43% del total de activos gestionados. Esto subraya el creciente interés de los inversores españoles por este tipo de productos, impulsado tanto por la sensibilidad social como por la búsqueda de inversiones más resilientes y con rentabilidad a largo plazo.

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Aplicaciones de las finanzas sostenibles

Las finanzas sostenibles tienen un alcance transformador que abarca a todos los principales actores de la economía, desde las empresas que operan en el mercado hasta los organismos gubernamentales que establecen el marco regulatorio.

Empresas

Para las empresas, integrar las finanzas sostenibles va más allá del cumplimiento normativo; se ha convertido en una estrategia competitiva esencial. Las organizaciones que adoptan este enfoque incorporan los criterios ASG en el núcleo de su modelo de negocio, afectando a su estrategia corporativa, sus operaciones diarias y su gestión de riesgos. Esto implica:

  • Integración estratégica: desarrollar planes de negocio que contemplen objetivos de sostenibilidad, como la descarbonización, la eficiencia en el uso de recursos o la mejora de las condiciones laborales. Aunque solo el 5% de las compañías encuestadas en un informe de algunas consultoras financieras ha integrado plenamente la sostenibilidad en su modelo de negocio, aquellas que lo hacen experimentan una mejora del 40% en la confianza empresarial y un mejor rendimiento financiero.
  • Gestión de riesgos y oportunidades: analizar los riesgos ambientales (cambio climático, escasez de recursos), sociales (conflictos laborales, derechos humanos) y de gobernanza (corrupción, falta de transparencia) para mitigarlos y, a la vez, identificar nuevas oportunidades de mercado ligadas a la transición energética o la economía circular.
  • Acceso a capital y mejores condiciones de financiación: los mercados financieros valoran cada vez más a las empresas con sólidas credenciales ASG. Esto se traduce en un acceso más fácil a financiación sostenible, como préstamos verdes y bonos sostenibles, a menudo con condiciones más favorables.
  • Reputación y atracción de talento: la responsabilidad corporativa mejora la reputación de la marca, aumenta la confianza de los consumidores y facilita la atracción y retención de talento, especialmente entre las nuevas generaciones. Empresas españolas como Iberdrola, Inditex y Banco Santander son ejemplos de cómo la sostenibilidad se puede integrar en la estrategia empresarial.

Inversores

Los inversores, tanto institucionales como minoristas, están redefiniendo sus portafolios para incorporar los principios de sostenibilidad. La aplicación de criterios ASG en la selección de activos y productos financieros se basa en varias motivaciones clave:

  • Gestión de riesgos: las inversiones sostenibles tienden a ser menos volátiles y más resilientes ante riesgos sistémicos como el cambio climático o crisis sociales. Herramientas como los MSCI ESG Ratings ayudan a identificar estos riesgos y oportunidades.
  • Rentabilidad a largo plazo: diversos estudios demuestran que las inversiones sostenibles pueden ofrecer una rentabilidad comparable o superior a las tradicionales, refutando la idea de que la sostenibilidad implica sacrificar beneficios.
  • Impacto positivo: más allá de la rentabilidad, muchos inversores buscan que su capital genere un impacto social y ambiental positivo, alineando sus decisiones financieras con sus valores personales o institucionales.
  • Diversificación: las finanzas sostenibles abren acceso a sectores emergentes con gran potencial de crecimiento, como las energías renovables o la tecnología limpia, permitiendo una mayor diversificación de las carteras.

En España, el optimismo predomina sobre la expansión de la Inversión Sostenible y Responsable (ISR), con un 78% de las entidades ya disponiendo de equipos ASG especializados, y los ODS 13 (Acción por el clima), 3 (Salud y bienestar) y 8 (Trabajo decente) como los más integrados.

Gobiernos y reguladores

Los gobiernos y organismos reguladores desempeñan un rol crucial en el fomento y la estandarización de las finanzas sostenibles, creando un marco que impulse la inversión responsable y evite el «greenwashing».

  • Marco regulatorio europeo: la Unión Europea es líder mundial en la creación de un marco regulatorio ambicioso. 
  • La Taxonomía Europea es una piedra angular, que define cuándo una actividad económica es ambientalmente sostenible al exigir que contribuya sustancialmente a uno de seis objetivos medioambientales (mitigación y adaptación al cambio climático, agua, economía circular, prevención de la contaminación, biodiversidad) y no cause un perjuicio significativo (principio DNSH).
  • El Reglamento sobre Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), en vigor desde marzo de 2021, obliga a los participantes del mercado financiero a revelar cómo integran la sostenibilidad en sus decisiones de inversión y en sus productos financieros.
  • La Directiva de Información Corporativa sobre Sostenibilidad (CSRD) y los Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad (ESRS)  buscan aumentar la transparencia de la información ASG por parte de las empresas.
  • Iniciativas y regulaciones en España: España ha adoptado un papel proactivo en la integración de las finanzas sostenibles. 
  • La Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética y el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030  (actualizado para elevar los objetivos de reducción de Gases de Efecto Invernadero al 32% para 2030) establecen la hoja de ruta hacia la neutralidad climática en 2050. Se estima una movilización de 294.000 millones de euros de inversión hasta 2030, el 85% privada.
  • El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, ampliado con la Adenda de 2023, destina el 40% de los fondos europeos Next Generation EU (unos 65.000 millones de euros) a la transición ecológica, aplicando el principio DNSH. Incluye doce Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTEs), de los cuales seis están específicamente dirigidos a impulsar la transición verde, con una movilización de 67.456 millones de euros.
  • La facilidad ICO-Verde movilizará 22.000 millones de euros para inversiones sostenibles de hogares y empresas.
  • El programa de bonos verdes del Tesoro Público español, lanzado en 2021, ha emitido más de 13.400 millones de euros, proporcionando una referencia líquida y de alta calidad que fomenta el desarrollo del mercado de finanzas sostenibles en España.
  • La creación de un Consejo de Finanzas Sostenibles, propuesto en el Libro Verde sobre Finanzas Sostenibles en España, actuará como foro de coordinación público-privado, presidido por el Ministro de Economía, Comercio y Empresa, para impulsar y hacer seguimiento de estas acciones.
  • En 2025, el Real Decreto 214/2025 sobre la publicación de la huella de carbono y los planes de reducción de emisiones están siendo una regulación clave en España, impulsando aún más la transparencia y la acción climática empresarial, incidiendo en la mitigación y provocando la adopción de inversiones en descarbonización, uso de energía más limpia como la adquirida con certificados de garantía de origen (electricidad, biometano, etc.) o el uso de CAE para complementar las inversiones realizadas en activos.

Estos marcos y regulaciones no solo fomentan la inversión sostenible, sino que también garantizan la integridad del mercado, protegiendo a los inversores y al medio ambiente de prácticas engañosas.


Las finanzas sostenibles han dejado de ser una tendencia incipiente para convertirse en un imperativo estratégico y una fuerza transformadora en la economía global, y muy especialmente en España. La integración de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las decisiones de inversión no solo ha demostrado ser compatible con la rentabilidad económica, sino que, de hecho, contribuye a una mayor resiliencia, menor volatilidad y un acceso mejorado a nuevas oportunidades de mercado.

Las finanzas sostenibles no son solo una herramienta para mitigar riesgos o cumplir con regulaciones; son un motor fundamental para construir una economía más justa, verde y próspera. Al canalizar el capital hacia proyectos de alto impacto, como las energías renovables, la economía circular o la inclusión social, se contribuye directamente a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la construcción de un futuro más equitativo y respetuoso con el planeta.

La invitación está abierta a todos los actores: empresas, inversores y ciudadanos. Es el momento de reconocer el valor intrínseco de las finanzas sostenibles y de incorporarlas activamente en cada decisión económica y financiera. Al hacerlo, no solo se busca el beneficio individual, sino que se invierte en el bienestar colectivo y en la prosperidad de las generaciones futuras, consolidando el papel de España como un referente en la transformación hacia una economía verdaderamente responsable y resiliente.

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